miércoles, 29 de junio de 2022

Antonio Birabent y el vértigo de la literatura


 

Nando Varela Pagliaro

“No me estoy poniendo a prueba frente a nadie. Entiendo que Tres les llegará a algunos y a otros no, y que la inmensa mayoría jamás lo leerá. Es así de simple”.

El que habla es Antonio Birabent, quien, a sus ya conocidos oficios como músico y actor, ahora suma el oficio de escritor. Para asomarse a los ladridos, elige hacerlo con Tres (Editorial Malisia), un libro de relatos autobiográficos que orbitan alrededor de la relación padre e hijo.  

—En tu biografía de solapa podemos leer que, si bien trabajás hace más de treinta años con las palabras, este es tu primer libro. De alguna forma, publicar un libro era algo que te debías a vos mismo. ¿Hay algo de asignatura pendiente en Tres

—No, no era algo pendiente. De hecho, perfectamente podría no haberlo escrito. Naturalmente se fue dando en los últimos años que junté cientos de relatos y entendí que eran un libro.

—¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿De entrada empezaste a escribir con la idea de que estos textos se transformaran en un libro? 

—Primero eran como te decía muchos relatos diversos. Después entendí que había dos o tres hilos conductores en todos ellos. Yo ya había tenido la idea de hacer un libro de cosas cortas hace veinte años, pero no la había concretado. En este caso se impuso la idea, por acumulación.

—Durante ese proceso, ¿tuviste algún lector imaginario en tu cabeza? 

—No, escribía para mí y en segundo plano para que algún día mi hijo lo lea.

—Como dice Juan José Becerra en la contratapa, en Tres se ve mucho “el amor filial y la ilusión de la sangre común”, ¿cuánto te preocupa la lectura que puedan hacer del libro tu padre y tu hijo? 

—La de mi padre ya no me preocupa porque ya lo hizo y entendió que Tres está escrito desde el amor y el reconocimiento. Creo que mi hijo lo leerá, si es que lo lee, cuando tenga unos años más y confío en que lo disfrute y se encuentre representado por la visión de su padre.

—Tres es un libro en sintonía con lo que ahora se llama “literatura del yo”, ¿sos lector del género? 

—No entiendo la literatura desde otro lugar. No sé cómo sería la literatura del vos. Todo empieza por el conocimiento y la inquietud propia. Por la experiencia, las obsesiones, lo mío. Después llega lo otro, y el otro.

—Si pensaras en un próximo libro, ¿irías nuevamente por el terreno de lo autorreferencial o podrías incursionar en algo más cercano a la ficción? 

—Si viene otro libro será mucho menos autorreferencial, como te decía en la respuesta anterior: siempre entiendo la expresión desde la mirada propia, pero no contaría nuevamente cosas necesariamente personales. Me dan ganas de ir para otro lado. En eso estoy.

—Publicaste cerca de veinticinco discos, ¿es igual el miedo al publicar un primer disco que un primer libro? 

—No es miedo la palabra. Es un poco vértigo. Pero no me estoy poniendo a prueba frente a nadie. Entiendo que Tres les llegará a algunos y a otros no, y que la inmensa mayoría jamás lo leerá. Es así de simple.

—Siguiendo con los miedos, en Dos despedidas, uno de los primeros relatos de Tres, decís que “Ser padre es saber lo que es el miedo”, ¿pensás que tu padre y los padres de las generaciones anteriores estarían de acuerdo con esa frase? ¿Por qué creés que cambió tanto la forma de relacionarse entre padres e hijos? 

—Cambió seguramente la normalidad de lo que es ser padre de una generación a otra. No sé si puedo generalizar tanto de todas formas. Yo lo vivo así. Me gustaría que sea de otra manera, pero me cuesta.

—En el libro te referís a tu papá, Moris, como a El en mayúscula. En uno de los relatos incluso te preguntás “¿por qué le doy la responsabilidad y la gloria de la justeza semántica? ¿La máxima tendría el mismo efecto si no lo tuviera a él como ideólogo?” Hoy ya tenés una trayectoria larguísima en la música e incursionaste en muchísimos otros terrenos: la actuación, el periodismo y ahora la literatura, pero me imagino que en algún momento debió haber sido un peso grande ser el hijo de Moris. ¿Es así o nunca viviste su figura de ese modo? 

—Nunca fue un peso. Será porque lo tomé con humor y con naturalidad. Entiendo además que mi padre genera en la gente, en su mayoría en personas que no lo conocen, una fascinación. Me parece divertido. Pero nunca fue una carga. Si no, no hubiera hecho música.

—“Un niño de cincuenta no mira atrás, su vida está toda por delante”, decís en otro de los textos del libro. ¿Realmente tenés esa mirada? ¿Se puede escribir desde ese optimismo o la birome y el papel se llevan mucho mejor con la nostalgia y la melancolía? 

—Las dos cosas. Escribir es pesadísimo y también es una alegría y un triunfo sentir que una página esta lista y que puedo pasar a la que viene.

—“Una entrevista es pasar por un simulacro inútil de explicarte para los demás, de contar quién sos y aventurar quién vas a ser en el futuro”, decís en Crujen los billetes. Si tenés ganas, hagamos eso, ¿cómo creés que vas a ser en un futuro no tan lejano? ¿Cómo te ves de acá a quince años? 

—La verdad, me veo básicamente haciendo lo mismo. Confío sobre todo en ser un poco más libre. Con eso estaría contento.

—Y siguiendo con los juegos estúpidos que a veces nos gusta hacer a los que hacemos preguntas, ¿cómo creés que el Antonio Birabent adolescente, el que recién había llegado de España, vería al hombre que sos hoy? 

—Le parecería un hombre viejísimo, tanto que tal vez sería invisible para él.

—Para terminar, suelo hacer una pregunta que tiene que ver con el uso del tiempo. En tu caso, que hacés tantas cosas a la vez, ¿cuándo sentís que tuviste un día productivo? ¿medís el día en esos términos? 

—Pienso todo el tiempo en el tiempo y en cómo pasa y en cómo lo pierdo. Escribir, tocar la guitarra, crear algo son maneras de no sentir tanto dolor por esa realidad.

viernes, 1 de octubre de 2021

Qué es Verso a Verso

 


¿Qué es Verso a verso?


A través de conversaciones con destacados autores de la música popular, este ciclo indaga en el misterioso mundo de los letristas.

Cada capítulo tendrá a un autor como protagonista, quien además de dialogar sobre los aspectos más relevantes de su obra, leerá una de sus letras y al final del episodio participará de una sección que llamamos “Verso a verso”.

Esta sección se trata de una especie de cadáver exquisito que vamos a ir componiendo con los versos de cada artista invitado. De modo tal que, al finalizar el ciclo de diez entregas, vamos a tener una letra escrita por todos los autores que participaron del programa.

lunes, 17 de mayo de 2021

Gonzalo Unamuno: "El escritor es la mano de obra más barata del mundo"

 


Nando Varela Pagliaro

Gonzalo Unamuno es autor de los libros de poesía De otra luz (2007), Distancia que nadie ocupará (2011), y de la nouvelle Acordes menores para Marion Cotillard (2011). Sus obras más difundidas, las novelas Que todo se detenga (2015) y Lila (2018) están siendo adaptadas al cine bajo la dirección de Juan Baldana. En estos días, acaba de publicar Tu jardín salvaje, su primer libro de relatos.

De alguna manera, un libro de cuentos se asemeja bastante a un disco. Me refiero a que cuando un grupo arma un disco generalmente trabaja sobre varias canciones y luego en el disco sólo quedan las que más se ajustan al criterio de selección. En tu caso, ¿trabaste con muchos más cuentos de los que terminaron quedando? ¿Cómo fue ese proceso de selección?

El proceso de selección fue, dentro de todo, sencillo. No me propuse de entrada escribir un libro de relatos, sino que advertí, por la cadencia y la respiración de las historias que imaginaba, que acabaría siéndolo. Una vez que tuve ya cuatro o cinco terminados se me hizo fácil la direccionalidad, el horizonte al que pretendía ir o al que ineludiblemente iría. Llegué a escribir una treintena de cuentos y, de ellos, elegí los diecisiete que conforman Tu jardín salvaje.

¿Cómo pensaste el orden?

El orden fue pensado en virtud de los denominadores comunes que hacen al libro y que son, creo yo, el cinismo, la crueldad, la labilidad miserable de los vínculos entre las personas. Cada cuento está narrado de distinta manera que el que le sigue. Los hay en primera persona, en segunda, en tercera. Los hay en tiempo presente y pasado, en formato de diario, de diálogo, de epístola, de guión. Una vez conformada la selección de los relatos, lo que hice fue esparcir aquellos que pudieran tener similitudes entre sí, como una escena, un desenlace, una línea de diálogo de los personajes.

Venís de la poesía y de dos novelas anteriores, ¿te sentiste cómodo como cuentista?

Me sentí muy cómodo. Además, supuso un desafío grande para mí como escritor. Mis dos novelas previas me llevaron muchos años de trabajo y la construcción del personaje principal de ambas, Germán Baraja, ya me resultaba un lugar conocido, pero en el que era fácil también repetirme, girar sobre un mismo eje hasta agotarme. Por eso decidí abandonarlo. Me gusta desafiar y extremar mis capacidades, y nunca es fácil escribir cuentos en el país de Borges, de Cortázar, de Di Benedetto, de Piglia.

¿Sos muy lector del género?

No me considero como alguien muy lector del género, aunque sí soy alguien que leyó las cumbres del mismo y, en esos casos, fue influenciado por ellas. Para dar nombres, en el plano internacional hablo de Lispector, Cheever, Carver, Flannery O` Connor, Nabokov, Lucia Berlin. En el local, Abelardo Castillo, Piglia, Fogwill, Fabián Casas, Di Benedetto (y podría seguir).

¿Qué libros estuvieron en tu mesa de trabajo mientras escribías Tu Jardín salvaje?

Es la pregunta más difícil de responder dado que es un libro que escribí durante más de dos años –desde que publiqué Lila, a mediados de 2018-, hasta que lo terminé, a principios de 2021. Por ende, nunca hubo libros que estuvieran en mi mesa de trabajo por un tiempo mayor al que me llevase leerlos. En ese tiempo pasaron cientos de libros por mi escritorio, mesa de luz, sillón y cama.

En varios cuentos hay cierto cinismo, cierta violencia que también aparece en tus novelas. En una entrevista reciente con Cristina Mucci dijiste que “fracasás en los intentos de hacer una literatura más feliz”. ¿Realmente te interesaría hacerla? Como lector, ¿leerías la historia de un tipo feliz?

A veces creo que me interesaría lograr personajes sin esas cuotas de cinismo y de maldad, más que nada por no repetir fórmulas como escritor. El asunto es que, por más que lo intente, cuando logro una historia, llamémosle, agradable para quien la lea, siento enseguida una sensación de falsedad, una impostación. Como lector leería la historia de alguien feliz, aunque anteponiendo la condición ineludible de toda historia: que esté bien contada.

En una entrevista que salió hace un tiempo en Clarín junto con otros escritores de tu generación decías que tal vez en el futuro ibas a “escribir algo menos honesto con otras herramientas literarias”. En este libro, ¿cumpliste con eso que decías?

Cumplí al escribir con otras herramientas literarias, aunque hoy no sabría puntualizar qué quise decir con “menos honesto”. Quizás ya no crea en la honestidad de la ficción y posiblemente la misma no tenga ninguna importancia.

En los ´90 Fabián Casas decía que ya no quedaban lectores de poesía que no escribieran sus propios poemas. Vos también dijiste que “hoy encontrás más tipos que escriben que tipos que leen”. ¿Pensás que el mundo en el que circulan los libros es un mundo cada vez más chico?

No diría que el mundo en el que circulan los libros es cada vez más chico, sino lo contrario. Ocurre eso que señala con tanto acierto Fabián: cada día son más las personas que se autopublican, que buscan un andarivel paralelo, alternativo del circuito tradicional, que salen del rol de lector pasivo y se animan a la creación literaria, cosa que antes pasaba mucho menos, porque era un universo inaccesible, distante y ajeno de la mayoría de la gente. Desde la crisis del 2001 en adelante, con los fenómenos de las editoriales independientes, de los Blogs, y del arribo definitivo de la tecnología al universo de las letras, las circunstancias cambiaron para siempre.

Hablando del mundo del libro, ¿por qué pensás que hay tan pocas regulaciones? ¿Por qué cuesta tanto que se reconozca la mano de obra del escritor?

Por la simple razón de que así funciona el circuito del libro, donde pareciera haber un contrato silencioso, una regla no escrita pero sí ampliamente aceptada de que el escritor es la mano de obra más barata del mundo y que no se le puede ocurrir vivir de su trabajo, siendo que casi todos los eslabones de esa cadena que nace del autor sí pueden hacerlo. El famoso 10% de regalías que percibe el autor por la venta de su obra viene desde el siglo XIX, cuando el libro era un objeto manual, casi artesanal, y las facilidades de impresión y de transporte para su distribución eran completamente diferentes. ¿Cómo puede ser que eso no se haya modificado desde entonces habiéndose modificado todas las instancias previas de sus engranajes de producción? ¿Cómo puede ser que en ninguna otra expresión artística suceda algo equiparable en materia de porcentajes? Pongo un ejemplo: si contando con dinero para la inversión inicial, yo fundase mi editorial, no debo pagarle a ningún autor o autora al recibir su obra porque, como sabemos, con su sola publicación, basta. El premio es la publicación, que automáticamente te coloca, como autor, en una situación de desventaja. Ahora bien, si yo mañana hiciese una versión de determinado tema musical, tengo que pagar los derechos para su usufructo comercial. Un cineasta que quiere adaptar un guión que no es suyo, lo tiene que comprar e incluso el precio está estipulado. Los actores cobran por las semanas, meses o años de filmación –es decir, su trabajo- y luego tienen anexado un porcentaje de la taquilla que genere el material en el mercado, asuntos que, por si fuera poco, se encarga el sindicato de anoticiarles, lo mismo que si reproducen la obra en otro país. En Argentina, los escritores no tienen aportes, sindicato, obra social, ni regulación alguna de su suerte en el mercado. Uno recibe un Excel con liquidaciones semestrales y solo le queda aceptar lo que se ve reflejado en la planilla. Incluso editoriales que apenas si tienen presencia equitativa en el país hacen contratos donde se quedan por siete, diez, hasta quince años todos los derechos universales de una obra. Esto implica que son quienes deciden si se traduce, si no, a qué idiomas, a qué mercados, a qué valores; si se adapta al cine, al teatro, etc. Es gente que la mayoría de las veces no tiene la capacidad siquiera de llegar a una treintena de librerías pero en el contrato de ninguna manera se circunscriben a su rango de acción y de alcance. Un disparate por donde se lo mire. Es un robo descarado, una falta total de respeto.

De alguna forma, ¿el mejor camino no termina siendo la independencia editorial?

Sin ninguna duda. Este tiempo de pandemia y de hacinamiento nos chocó de frente con muchas realidades. Una de ellas es que no se necesita de un catálogo, de un nombre ni de una distribuidora para circular, para vender libros. Por el tradicional y perimido carril por el que nos manejamos siempre, la cuestión fracasa. Una editorial nunca paga las horas, los días, las múltiples inversiones que lleva escribir un libro. Incluso el famoso “adelanto” no es más que eso: dinero que te pagan de entrada y te descuentan después.

Vendiste los derechos de tus dos novelas para ser llevadas al cine, ¿cómo viene ese proyecto? ¿Vas a participar también de la escritura del guión?

El proyecto viene bien, aunque ralentizado por las cuestiones obvias de una coyuntura tan impredecible como la que nos toca vivir. Voy a participar de la escritura del guión aunque no comulgue mucho con la idea. Lo estoy haciendo por la amistad que logré con Juan Baldana, su director, pero no soy alguien que crea en la fidelidad de las obras cuando se mudan a otras órbitas. Entiendo que la literatura y el cine son dos ramas del arte y cada una debe respetar su idiosincrasia y naturaleza. Y yo, de momento, no sé escribir guiones ni me los puedo figurar delante de cámara.

 Por último, en una charla que tuvimos cuando publicaste uno de tus libros anteriores recuerdo que hablamos mucho de peronismo y si bien me decías que no te interesaba ser una especie de “peronólogo”, por tus años de militancia y por tu historia familiar, tenés espalda como para hablar del tema, así que, si tenés ganas, me gustaría que me dijeras ¿cómo ves al movimiento hoy?

Lo veo, como desde su nacimiento hace 75 años, en un conflicto permanente, en un estado de eclosión producto de su dinámica, de su verbo, de su matriz, de su protagonismo. Tanto en el orden interno como externo del movimiento, entiendo que la puja es por ocupar la centralidad ideológica en una nación tan joven como la nuestra. Necesitamos lograr la identidad, la pregnancia que nos defina de una vez por todas, que represente la voluntad de las mayorías populares y que ello baste para que las candidaturas políticas estén supeditadas al único orden admisible de todo pueblo: el de la justicia social. En nuestro país, a mi juicio y con el rango de movimiento, solo existen dos grandes vertientes: la del peronismo y la del anti peronismo.  Y en ellas se nos va la vida.

Entrevista realizada el 17/05/2021



lunes, 3 de mayo de 2021

Dejar de escuchar música con el cerebro en modo avión

 


Nando Varela Pagliaro

Rafael Varela es productor musical, compositor, docente, guitarrista, cantante y arreglador. Con una pata en el tango nuevo y otra en el rock, sus participaciones y proyectos son de lo más variados.

En la actualidad, lleva adelante Tangócratas, un dúo de tango nuevo junto a Pablo Marchetti y a fines del año pasado editó Horizonte de Sucesos, su primer disco solista de composiciones electroacústicas en el que confluyen todas sus inquietudes musicales en canción de autor.

Además de músico, Varela tiene un podcast, que se llama precisamente «El musicópata», en el que invita a sus oyentes a dejar de escuchar la música con el cerebro en modo avión.

Es muy común preguntarle a un escritor por qué escribe. De hecho, la mayoría de los escritores ya tienen una repuesta armada ante esa pregunta. Fogwill tenía una respuesta buenísima, decía que “escribía para no ser escrito”. A los músicos, en cambio no es una pregunta que se les haga tanto. En tu caso, ¿por qué escribís canciones?

Puedo decir muchas cosas al respecto, podría decir “porque es el sueño que tenía de chico”, “porque es mi manera de expresarme”, “porque quiero dejar algo en el mundo”, y cosas así, pero con la respuesta que me siento más cómodo es que hago canciones porque me sirven mucho más para estar en eje conmigo mismo que ir al psicólogo o hacer yoga, por decir algo. Cuando termino una canción y me gusta, no me importa si tengo dramas emocionales, económicos o de salud, me voy a dormir feliz y sintiendo que la vida es hermosa.

Como músico mayormente te movés entre el tango y el rock, ¿qué diferencias encontrás en ambos ambientes?

Muchas y de muchos tipos. Quizás para empezar hay diferencias de idiosincrasia, y no sólo entre esos dos ambientes entre sí, sino dentro de ellos, por ende es difícil responder sin que se haga infinito. Pero para reducirlo, el ambiente del rock en general tiene a la música como algo más accesorio, digamos que en general es más una excusa para vivir “un tipo de vida”, a veces más cercana al estereotipo del rockero (drogas, joda, noche, etc.) y a veces menos, pero me da la sensación de que es así. En el ambiente tanguero en cambio, por más de que por supuesto también están esos factores, quizás vienen algo detrás. Pienso que puede ser porque el tango tiene naturalmente más compromiso poético, no sólo en la poesía propiamente dicha, sino simbólicamente, y mucho más hoy que el Buenos Aires aquel de la época dorada ya no existe; por ende, en el ambiente tanguero hay algo más de compromiso artístico creo, pero ojo que eso a veces es positivo y a veces no, porque el exceso de respeto por algo determinado hace que uno lo aborde con una distancia que no necesariamente es provechosa para lo artístico. Por supuesto que igual es relativo y depende de quiénes; de hecho, como yo, hay muchos músicos y público que comparten los dos ambientes y forman un ambiente mixto de tangueros con remeras de los redondos.

A nivel formación, ¿es la misma la calidad de músicos que hay en un ambiente o en otro?

No me siento capacitado para juzgar calidad, o más bien estoy en contra del término en cuanto a cuestiones artísticas. Lo que sí puedo decir es que para tocar tango es necesario cierto estudio que para tocar rock no necesariamente. El rock es un género en el cual lo musical esta mixturado con una actitud, una cualidad que tiene más que ver con la personalidad que con la música en sí. Por otro lado, el tango tiene vericuetos musicales más refinados, tanto en lo armónico y melódico como en lo rítmico, entonces eventualmente un músico de tango necesita más formación que uno de rock en algún punto. Pero por otro lado, el “estudioso” del tango que no tiene personalidad tampoco llega a sonar lindo, entonces la palabra “calidad” pasa a requerir un mayor desarrollo para poder responder la pregunta, habría que definirla porque es muy relativa.

En tu caso, ¿qué cosas hacés para ser mejor músico?

Primero que nada, trato de no darle bola a lo que “se está haciendo” o “no se está haciendo”. Creo que en toda disciplina hay un camino que está marcado por las convenciones sociales en algún punto, y es algo que me choca bastante, sobre todo porque no estoy muy convencido de que me guste el universo artístico actual. Por ende, primero trato de ir a los lugares que me gustan a mí, más allá de cómo crea que eso vaya a ser tomado en el ambiente o en el público. En síntesis, prefiero ser un mejor artista a un mejor músico. Al mismo tiempo, para tomar partido por un lado u otro en cuanto al “universo artístico actual”, hay que estar actualizado, sino no se puede tener una postura al respecto, por ende, también trato de escuchar todo lo nuevo que pueda, lo cual me da mucha pena porque en general siento que el mayor porcentaje de propuestas de hoy son recauchutes del pasado.

Otra cosa que diría que va por otro lado es que trato de escuchar y analizar todas las instancias de una música por separado: la composición, el arreglo, la producción, la interpretación, la técnica etc. Escucharlos y analizarlos como cosas separadas me nutre mucho para entender muchas cosas que suceden que si no se analizan así quedan empastadas como en una tortilla que quizás tenía buenas papas, pero el huevo estaba pasado.

¿Por qué creés que en la música se da tanto el autodidactismo?

Creo que en el arte sucede, no sólo en la música. Un escritor empieza a escribir seguramente antes de estudiar algo que tenga que ver con la literatura, o solo habiendo estudiado lo que estudia cualquiera, y un pintor lo mismo, y un fotógrafo seguro sacó su primera foto sin haber ido a ningún taller. No hay forma de que un artista se enamore de su disciplina si no lo hace de forma autodidacta al menos al principio. Luego, cuando se llega a lugares satisfactorios en esas instancias o momentos, uno puede considerar el proceso autodidacta como un proceso totalmente válido y muchos artistas siguen ese camino y está perfecto. En un punto yo no creo en el artista que se expresa desde la técnica, por eso no me suelen gustar los músicos que ponen su técnica por delante en sus laburos. Creo que el arte pasa por otro lado. Luego el manejo técnico de cada artista obviamente va a brindar más herramientas para un fin, pero eso es otra cosa. El punto es llegar a hacer lo que tenés la pulsión de hacer, si lo hacés a través del estudio o de la intuición es lo mismo, la obra puede estar buenísima de cualquiera de las dos formas. A alguno le funciona una, a otro otra, y a muchos las dos dependiendo del momento o la instancia de la obra.

¿Se puede aprender un instrumento solo mirando canales de Youtube? ¿Cuán importante es la figura del maestro?

Habría que definir aprender. Se puede tener una noción y se pueden lograr objetivos a corto plazo, entonces si te dedicás a un género que no requiere mucha data, creo que sí. Por ejemplo, si aprendés tres acordes por youtube y después componés una canción con esos tres acordes, no hay nada que impida que sea una gran canción excepto tu talento, más allá de cómo los aprendiste. Ahora, si te dedicás a estudiar violín clásico para entrar en el Colón, sin un maestro o maestra es absolutamente imposible. Las artes tienen muchas instancias, variantes, enfoques y perfiles, a veces con muy poco se puede hacer mucho y otras al revés. Además, me gusta la idea de que no haya prejuicios con respecto a cómo se hace arte, creo en el arte en libertad, con YouTube y con Bach en la misma bolsa manchándose de un profesor de la primaria y la Berklee.

Muchas veces a los que se quieren dedicar a la literatura les aconsejan que no estudien Letras porque van a terminar siendo críticos y no escritores. En la música, ¿cómo incide el conocimiento? Saber demasiado, ¿puede jugarte en contra a la hora de sentarte a componer?

Puedo saber de primera mano lo que decís porque estudié tres años letras, y son los comentarios que recibía, tal cual. Creo que es posible que suceda, pero no por tener el conocimiento en sí, sino por la manera que tenemos de ejercerlo. El conocimiento siempre suma y nunca resta, eso yo lo entiendo como algo absoluto e irrefutable, el tema es confundir “conocimiento” con “arte”. Una canción no es mejor porque use más recursos, y eso a veces parece funcionar así en los músicos estudiosos, como si la capacidad de usar herramientas los llevara a entender que la música “son” las herramientas, y las herramientas son herramientas, no son un escalafón entre arte mala y buena. Si eso se tiene presente y se le da la importancia que merece, estudiar siempre es bueno sin dudas. Muchos artistas caen presos de esa trampa, quizás porque confunden la admiración por la cantidad de recursos de sus maestros (tanto presenciales como ídolos) con el camino a tomar por ellos mismos; piensan que para ser bueno hay que usar los recursos que usan los músicos que admiran, y eso puede llevarte a perder personalidad, a repetir esquemas sin sentido, o a que quede evidenciado que lo que estabas haciendo cuando hiciste esa obra es estudiar algo en particular y que termine pareciendo más un ejercicio que otra cosa. Es un peligro estudiar si no se está atento o atenta a eso, pero sin estudiar la mecha es mucho más corta también obviamente. Recuerdo una vez en un show escuchar a un músico tocar muchísimas más notas de las que yo creía que eran necesarias y yo decirle a la persona que tenía al lado “está tocando demasiado”, y me respondió “pero está usando un montón de recursos”, como algo bueno. De eso hablo. ¿Qué me importa cuántos recursos está usando? A veces la pizza es de muzzarella. Por otro lado, sin recursos, estudio ni herramientas no existiría Piazzolla. Así que depende de cada uno. Creo que el equilibrio sería algo así como saber usar el estudio, pero con el alma autodidacta intacta.

Hablemos de El Musicópata, ¿cómo llegaste al formato podcast? ¿Tenías otros podcasts como referencia cuando arrancaste?

Me da un poco de vergüenza decirlo, pero la verdad es que no escucho podcasts. Más que nada porque en la mayoría de los que escuché, el formato radial está muy presente, y no soy un gran escucha de radio. Yo en El Musicópata trato de presentar algo diferente, primero no tratando de hacerlo fácil de escuchar en el contenido o en las formas, ni que sea “rápido”, “canchero” ni nada de eso; sino de amalgamar conceptos con la música que uso en pos de una especie de producto final entre música y concepto. Un poco como sumarles data a las canciones, y que esa data sea data no fácil de hablar en otros espacios. Encuentro en el formato una forma de lograr transmisión de información dialéctica junto con la música misma, y eso me atrae mucho y me parece un juego hermoso, por eso los episodios los trato de encarar como pequeñas obras de arte, al menos en la intención. En la mayoría de los podcasts se busca otra cosa que a mí personalmente no me parece tan atractiva, más cercana a las formas actuales de comunicación que a veces me atosigan y abruman un poco.

En uno de los últimos episodios suena mucho el tema de Jorge Drexler No pienses de más en la versión de Jaime Roos. ¿No creés que, si se la piensa tanto, si se la mira con una lupa todo el tiempo, la música se disfruta menos?

Absolutamente. Yo trato de hacer el ejercicio de escuchar sin protagonizar, y al mismo tiempo en otra capa escuchar como músico; a esta altura creo que lo he ejercitado lo suficiente como para hacerlo al mismo tiempo. No me interesa poner en la escucha toda la información que puedo llegar a tener, pero a veces esa información me ayuda a disfrutar la misma música, por eso es más bien “dónde” y “qué”, o sea, para disfrutar de Miles Davis a veces la data es necesaria y otras no, por eso tener las dos escuchas “preparadas” simultáneamente es la mejor opción, y se puede ejercitar.

¿Nunca escuchás música en modo avión?

Sí claro (me hiciste reír). Pero cuando lo decido a conciencia para bajar un cambio. Puedo escuchar A Hard Days Night y disfrutarla como cuando era un nene, o escucharla como músico y disfrutarla como eso, es una decisión que tomo según el momento. La frase igual me gustó, por eso la uso en el podcast, para exhortar a quien lo escuche a tomar esa decisión, pero en el momento en que se decida.

En otro episodio decís que tanto el rock como la industria de la música pasaron de moda, que hoy la vanguardia está en otros géneros. ¿Pensás que estos nuevos géneros como el trap o el reggaetón pueden cambiar paradigmas como sí lo hizo el rock?

En cuanto a cambio social no, en cuanto a paradigmas musicales sí, en algunos casos. El rock particularmente fue la banda sonora de un cambio radical de la sociedad en occidente, y hoy se sigue manteniendo como actitud. Por ejemplo, la actitud del trap en algún punto es rockera, tiene denuncia, calle, transgresión, desfachatez y volumen, características rockeras, por eso en ese sentido no pasó de moda y lo explico en un episodio que se llama Lo que queda es la actitud, en el cual hablo de que la actitud del rock se traspasó a otros géneros y a la vida en general y sigue muy vigente. Ahora, en lo estrictamente musical, el rock sí está viejo.

Con el reggaetón pasa otra cosa, no creo que sea tan fuerte como para cambiar un paradigma al nivel social pero sí estableció ciertas cosas que se propagaron, como el sonido mainstream latinoamericano que abordó la forma de producir en todo el mundo, aunque ya había empezado con Shakira o con Cristina Aguilera. Creo que los géneros latinos comerciales ganaron lugar en toda la industria, inclusive la angloparlante, y eso es algo que hay que mencionar en este punto, porque es algo social claramente. Después, si eso es bueno o es malo, es lindo o es feo, es otro tema. No hace falta que diga cual es mi opinión y mi gusto al respecto creo.

¿Tanto el trap como el reggaetón son músicas que van a quedar?

No lo podemos saber, podemos pensar, teorizar e imaginar, pero no saber. Del trap creo que no porque lo considero un género mixto, o sea, una mezcla de otros géneros (rap, rock, hip hop, soul, funk). No creo que tenga todavía una personalidad musical marcada, creo que su personalidad va más por lo estético y lo combativo, la actitud. El reggaetón es más claro en lo musical, tiene un patrón rítmico base concreto y eso es algo muy potente como para dejar algún rastro en lo estrictamente musical, más allá de los gustos. Habrá que ver.

Si le tuvieras que hablar a alguien que todavía no escuchó tu podcast, ¿cómo se lo describirías? ¿por qué debería escucharlo?

En principio no creo que nadie deba escucharlo, pero puede estar bueno eso sí. Creo que primero es un espacio en donde se hablan cuestiones que tienen mucha importancia en la música, tanto si sos músico o música como si sos escucha, y eso me parece interesante. Se plantean cosas que están muy presentes en la actividad musical, (aunque no sea actividad profesional) que en pocos lados se plantean, digamos está fuera de la forma de encarar la divulgación musical en la mayoría de los espacios en los que se hace. Por otra parte, se toman en cuenta enfoques de otras disciplinas como la psicología, la filosofía, la tecnología, la física, y muchos más factores presentes en toda actividad humana que por supuesto influyen en el comportamiento musical o artístico, pero no están contempladas en la enseñanza musical en ninguna escuela, lo cual me parece un gran error. Además, creo que propone cierta nobleza en cuanto a la forma de encarar la música y el arte, lo cual a veces puede ser inspirador. Mucha gente me dice que se siente inspirada por mis episodios, lo cual me da mucho gusto y honor. Por último, es un podcast que busca ser amplio, no meterse en gustos, hablar objetivamente y considerar todas las opiniones, siempre buscando aprender, y eso me parece una forma de encarar las cosas que creo que es sana y productiva. Pero por sobre todas estas cosas, porque uso muy buena música y de todos los géneros, en un episodio podés escuchar a Los Chalchaleros y a Queen junto a Piazzolla o Coltrane enfocados desde el mismo concepto, hablando de lo mismo, y eso hace que puedas agrandar tus conocimientos musicales y descubrir cosas nuevas que antes quizás no habías entendido porque no te lo habían hecho ver (o escuchar) de esta manera.

Para terminar, suelo hacer esta pregunta: ¿cuándo sentís que tuviste un día productivo? ¿medís el día en esos términos?

Sí, lo hago, pero con una salvedad. En general cuando considero que hice algo que deja una semilla para que germinen cosas en el futuro que quiero que sucedan lo considero un día productivo. Cuando hago una canción, cuando mezclo un disco, cuando le dedico tiempo a mis hijos, en síntesis cuando genero algo que antes fue un deseo, ahí.

Si hago muchas cosas, pero todas me aburren, lo considero un día agotador, pero no necesariamente productivo. Ahora, hablando de términos y lenguaje, no me gusta la forma en la cual se usa “producir” en el mundo moderno, creo que nos acerca a una batería o a una polea en un engranaje y nos deshumaniza.

Entrevista realizada el 03/05/2021


miércoles, 28 de octubre de 2020

Recuerdos que mienten un poco


 

Nando Varela Pagliaro

Me gusta presentar o conocer a los escritores según lo que eligen mostrar en sus datos de solapa. En este caso, la de Rodrigo Manigot dice que nació en 1968 en la Capital Federal, pero que siempre vivió en Castelar, provincia de Buenos Aires; que es músico desde 1990: fue el cantante de los Corazones Solitarios y desde el 2000 es compositor, cantante y letrista en Ella es tan Cargosa, banda de sello Beatle que cumple veinte años de carrera, con la que grabó seis discos y obtuvo premios y nominaciones nacionales e internacionales. En 2019, grabó su primer disco solista: Las cosas que inventás. También estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA y trabajó como guionista de programas periodísticos. Hoy coordina sus talleres de análisis y escritura de letras de canciones y desde hace muy poco, conduce Librocks, su propio programa en Radio La Ciudad de Ituzaingó en el que habla con músicos y escritores para saber los secretos que hay detrás de ambos oficios.

En otras oportunidades, en este mismo espacio, ya hablamos con Rodrigo, pero siempre con la música como telón de fondo, esta vez la excusa es Donde no van las melodías, su primer libro de relatos autobiográficos que acaba de publicar la editorial La Crujía.

¿Cómo fue el proceso de escritura del libro?

Absolutamente placentero. En marzo me anoté en el taller de no ficción de Matías Bauso. En abril me pidió que escribiera sobre el primer disco de mi banda. También había empezado, por la pandemia, a trabajar otra vez más en televisión. Los domingos salía del trabajo y, sabiendo que tenía por delante dos días libres, empezaba a pensar en lo que iba a escribir. El lunes a las 6.30 ya estaba en la compu con los mates. Escribía lunes y martes, y el miércoles leía en el taller. El jueves corregía, y así vuelta a empezar. Un capítulo por semana. Sin apuro. El mundo estaba detenido y en suspenso. No había por qué precipitarse.

Durante el proceso de escritura, ¿tenías algún lector en mente?

Sólo a mis compañeros de taller, y al coordinador. Si ellos, que no conocían a casi nadie de quienes yo mencionaba, lo disfrutaban, quería decir que iba bien. 

¿Tuviste algunos libros de referencia sobre tu mesa de trabajo?

El año pasado leí dos libros de dos escritoras, justamente canadienses, las maravillosas Mavis Gallant (y sus imbatibles cuentos de Linnet Muir) y Alice Munro (¿Quién te crees que eres?). Esos dos libros eran geniales e inalcanzables, pero tenían un esqueleto que yo venía queriendo copiar: escribir cuentos autónomos, pero que en conjunto pudieran leerse como una novela. Fui por ahí.

¿Es igual el miedo al publicar un primer disco que un primer libro?

No lo creo. Siempre la literatura me pareció un oficio más difícil. Me llevó muchos más años encontrarle la vuelta. En la música siempre estuve rodeado de grandes músicos y compañeros. Si te caés anímicamente (algo que me pasaba unas dos o tres veces por semana) tenía el soporte espiritual de mis compañeros de Ella es tan Cargosa. Al escribir estás más expuesto. Te sacan el banquito, posta.

En el prólogo, Santiago Llach dice que llegás a la literatura “brillantemente tarde”, ¿por qué creés que se demoró tanto este primer libro? 

Por muchas cuestiones. Una es que mi potencia creativa estaba enfocada en la música. Otra es una cuestión literaria: me costó leer con más profundidad para poder mejorar mi escritura. Hace dos años empecé a dar talleres, y creo que al enseñar mejoré mucho como lector. La tercera cuestión son los propios obstáculos e inseguridades que tuve, y que me fueron frenando a lo largo de los años.

En tus canciones solés desnudarte bastante, pero el libro todavía es más descarnado. ¿Cuánto te preocupa la lectura que puedan hacer tus personas más allegadas e incluso la gente del mundo del rock?

Probablemente habrá gente que se sentirá ofendida, pero traté de ser honesto, y de contar lo que yo siento y recuerdo. Eso también lo aprendí: a no detenerme por lo que puedan decir los demás. Si no, no avanzás. 

Salvo el nombre de una novia que no mencionás o el nombre de un programa de televisión que en realidad es otro muy similar, el libro pareciera ser completamente autobiográfico, ¿hay un porcentaje mínimo de ficción?

Ya recordar es mentir, de entrada. Por más memorioso que seas, es imposible reconstruir el pasado. Además, esto no es un laburo arqueológico. Se parece a mi vida, pero es ficción. Hay mucha más ficción e invención de lo que parece.

Desde hace unos años pareciera que cada vez se escriben más libros autorreferenciales. ¿Compartís esta apreciación? ¿Por qué creés que cada vez hay más de la llamada “literatura del yo”?

Lo veo en mis talleres: hay una limitación de época que quizás venga de las redes. La gente escribe sobre sí misma. ¡Muestra hasta la comida que está preparando! Hay una incapacidad de ponerse en la piel de otro, en todas las esferas, no sólo al escribir. Pero también, hay un exceso de plots y de ficción. Netflix, HBO, etc., todo es series, temporadas que se estiran de más. Y creo que la autobiografía tiene algo de verdad que no es tan simple de reproducir, y que está asociado a la experiencia. Eso garpa, aunque también es cierto que no alcanza. Hay que escribir bien. Y eso lleva tiempo y dedicación.

¿En tu caso lo autorreferencial es una elección o también hay una imposibilidad con respecto a la ficción?

Tengo tres novelas escritas, y un volumen de cuentos, todo ficción, sin publicar. Pero no son buenas, siento, para qué mentir. Y además, cuando en 2014 leí Mi libro enterrado, de Mauro Libertella, fue impactante para mí. Como si alguien me autorizara y me dijera: ‘che, vale escribir sobre la propia vida’. Ahí me cansé de inventar tramas, personajes y lugares que no existían, y empezó otra historia. Pero ahora, que leí a Joy Williams, a Debora Einsenberg, a Andrew Porter…me volaron la cabeza y me dieron ganas de retomar mis ficciones. ¿Por qué no? Son épocas.

Participaste de talleres literarios como alumno y como docente, ¿cómo es tu experiencia? ¿De qué lado disfrutaste más? 

Me encanta dar talleres, estoy disfrutándolo mucho, ahí encuentro mucho placer. Y me gusta ir a los talleres como alumno, aunque a veces podés encontrar talleristas jodidos que te pueden dañar. El taller también depende del grupo. El tallerista es como un DT: tiene que motivar bien a los players y saber contener.

“En una oficina un tipo que lee es algo tan extraño como un gato persa”, decís en uno de los textos del libro. ¿Pensás que solo en una oficina pasa eso o ya de por sí hoy un tipo que lee es algo extraño? ¿En el mundo del rock no pasa también?

Sí, pasa en todos lados, tenés razón, pero conozco músicos que se leyeron la vida. Hay de todo.

“No le preguntes a un músico si sigue tocando es como preguntarle si respira”, decís en otro de los textos. Si te preguntara si seguís escribiendo, ¿me dirías lo mismo?

Exactamente igual. De hecho, en 2014, en medio de una crisis personal, calculo que, de la mediana edad, mi psiquiatra me mandó a escribir. Ahí retomé con Santi Llach. Había días en que no sabía dónde estaba, si en taller o terapia. Pero no es un verso psi de Villa Freud: escribir ayuda a comprender el dolor. Aunque también uno escribe por placer, obvio.

A nivel literario, ¿tenés algún otro proyecto de libro entre manos?

Escribí entre 2014 y 2018 mi primer volumen de cuentos autobiográficos junto a mi querida Flor Monfort. Se llama El aire del mundo y es un trabajo sobre mi infancia y adolescencia, hasta la temprana muerte de mi viejo Pichi. Pero por temor a herir a mi familia, aún no me animé. Creo que ahora que rompí el hielo, puede que me anime a publicarlo en el futuro. Y hay también un ensayo sobre Rubber Soul que puede ver la luz. Iremos viendo. Dejame decir algo: gracias a Matías Bauso, que me contactó con La Crujía, y a la Rusa Hernández, que apostaron por mí en medio de una pandemia: eso es algo que no tiene precio.


Realizada el 28/10/2020


domingo, 2 de agosto de 2020

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 Afuera

Al sur del sur ft Hilda Lizarazu

Otro beso y me voy ft Iván Noble

Más allá del sol ft Rodrigo Manigot

Causas Perdida ft Leo García


Es hora de dejar de hablar de ella ft Los Tipitos






jueves, 23 de abril de 2020

5 preguntas sobre la venganza

Cinco preguntas a cinco personalidades de la cultura sobre el tema de tapa de revista Quid: la venganza.

Por  Nando Varela Pagliaro



Fernando Samalea, músico.

- ¿Alguna vez fantaseaste con algún tipo de venganza?

-Y…sin ánimo de ponerme en místico plomazo, soy de los que creen que esa "venganza divina" llega sola, sin interceder con mano propia. El famoso “todo vuelve”. Mis viejos me inculcaron lo de conciliar siempre, dentro de lo posible. Ya el mundo es muy triste para fomentar más daños innecesarios. Me gusta la idea de que todo conflicto pueda hablarse entre los involucrados, buscando un acercamiento. Y si el caso es muy grave, más vale hacerse a un lado y protegerse de la negrura ajena, me parece.

-Si tuvieras la posibilidad de viajar en el tiempo, ¿de qué personaje histórico te gustaría vengarte?

-Hay demasiados ejemplos espantosos, sujetos despreciables que solo han traído oscuridad a la historia de la Humanidad, como Nerón, Hitler, Videla, Daria Saltykova, Mussolini, Pinochet, la condesa húngara Erzsébet Báthory o lamentablemente muchísimos otros, que ni haría falta nombrar. Pero, como decía, más vale dejar correr ese enchastre social y pensar en cosas lindas.

- Dentro de la literatura o el cine, ¿cuál es tu personaje vengativo favorito?

-Llegado el caso, me inclino por quienes deseen vengarse en función de causas nobles, combatiendo injusticias y demás. En la ficción, el Animé o en las epopeyas heroicas del cine y la literatura, la venganza y la justicia se tiñen casi del mismo carácter. Siento empatía por lo que se ve en films de Clint Eastwood, Gladiator, Braveheart, The Profesional o historias de Samurais, Mitología Griega, heroínas de Miyazaki y diarios de Ernesto Guevara. Y cómo olvidar a Juana de Arco, mi favorita.

- Balzac decía que “en la venganza el más débil es siempre más feroz” ¿Qué opinás de esta frase?

-Es muy veraz, y les da la razón a quienes afirman que los más débiles e inseguros suelen ser muy peligrosos. Sabemos que se puede hacer mucho daño al actuar con cobardía.

- ¿Existen otros caminos de salida del rencor o el resentimiento?

-Claro que sí.  Se habla tanto de que ambos siembran dolor en uno mismo que, al menos para mí, solo veo eso de preservarme y protegerme. Obviamente, todos respondemos a instintos naturales, a veces ingobernables, pero vale la pena intentar mantener la razón y buscar una salida luminosa. En definitiva, nos beneficia a todos.  


Camila Fabri, escritora

- ¿Alguna vez fantaseaste con algún tipo de venganza?


- Curiosa la pregunta. Sin ánimos de traer una anécdota clara, sé que fantaseé con venganzas en las que quise, de algún modo estrafalario, que cierta información le llegue a alguna persona sin que fuera yo la interlocutora directa. Quiero decir: enviar la noticia sin que esa acción me involucrara, directa o indirectamente. No sé si esto aplica como venganza, pero éste ha sido un acto consecuente a un desamor. Venganzas cinematográficas o fantásticas no tuve. Nunca me animé. Sospecho ahora tendría más caracteres e ingenio para responder la pregunta, pero no es el caso.

-  Si tuvieras la posibilidad de viajar en el tiempo, ¿de qué personaje histórico te gustaría vengarte?

- El deseo de venganza no es algo que me mueva demasiado. ¡Tuve que pensar mucho esta respuesta! Me gustaría vengarme de David Foster Wallace, de Sara Gallardo, de Ayrton Senna, de Truman Capote, de Quino. Porque hacían tan bien esas cosas que hacían

- Dentro de la literatura o el cine, ¿cuál es tu personaje vengativo favorito?

- Hay muchos, muchas y muy diversos. Ahora mismo pienso en el comando estadounidense comandado por Aldo El Apache Rein- Brad Pitt- en Bastardos sin Gloria de Quentin Tarantino, ese grupo de soldados judíos, estadounideses y alemanes que colabora con la resistencia francesa para matar soldados alemanes y provocar terror en las filas nazis. Con ese humor oscurito y vengativo, el comando de Apache Rein termina prendiendo fuego a Hitler. De un modo similar, Tarantino se venga o se divierte en Erase una vez en Holywood, jugando a que salva a Sharon Tate de ese triste final que conocemos todxs. Me gusta eso que hace Tarantino. Ese: ¿qué hubiera pasado si? ese “juguemos a cambiar la historia”.

- Balzac decía que “en la venganza el más débil es siempre más feroz” ¿Qué opinás de esa frase?

- Sospecho que hace referencia a aquel que no usa la venganza como moneda corriente. Es más feroz porque tiene la potencia primera, la suerte del principiante. Los ideales puestos en esa única vez que activará el plan macabro. Si la pregunta es si estoy de acuerdo: lo estoy. Creo que, en apariencia, el más débil siempre es el más voraz.

- ¿Existen otros caminos de salida del rencor o el resentimiento?

-El único camino de salida que conozco del rencor y el resentimiento es una buena conversación con mi analista; quiero decir, esa hora que dura la sesión en la que un intercambio de ideas convierte el tema protagonista en algo más bien vaporoso, mágicamente, en un bollo de menor importancia. Sí, tengo la fe puesta en el psicoanálisis. No creo en las venganzas como acción, dan dolor de cabeza y prefiero ahorrar ese Ibupirac.


Nicolás Artusi, periodista

- ¿Alguna vez fantaseaste con algún tipo de venganza?

-La venganza es una fantasía que se me aparece de manera cotidiana, en los casos bien banales y con consecuencias más bien leves: fantaseo con vengarme del taxista que no me para subiéndome en la cuadra siguiente y hablándole todo el viaje si él quisiera escuchar música o, más fabuloso aún, publicando un diario falso con noticias imposibles para el vecino que me lo roba del palier.

 - Si tuvieras la posibilidad de viajar en el tiempo, ¿de qué personaje histórico te gustaría vengarte?

-Me vengaría del conductor del tranvía que atropelló a Gaudí: habría querido ver La sagrada familia terminada o, en su defecto, al arquitecto beato entregando su alma al diablo para poder acabar su obra.

 - Dentro de la literatura o el cine, ¿cuál es tu personaje vengativo favorito?

-Soy fan de todo aquel que se empecine en una venganza bien planeada pero mal ejecutada: Pierre Nodoyuna, por ejemplo, siempre intentando poner un palo en la rueda de los autos locos acaso para vengarse por sus escasas aptitudes deportivas, o Lex Luthor, eternamente traumado por una calvicie galopante que dedica su vida a vengarse del hombre con súper pelo y de paso conquistar el mundo, pero infalible en el fracaso.

 - Balzac decía que “en la venganza el más débil es siempre más feroz” ¿Qué opinás de esa frase?

-Coincido con la frase de Balzac aunque sea un hombre poco fiable: adicto al café (se dice que tomaba más de 80 tazas por día), terminó escribiendo el “Tratado contra los excitantes modernos” como un modo de vengarse por un persistente dolor de estómago.

 - ¿Existen otros caminos de salida del rencor o el resentimiento?

-El desafío deportivo, la pulla, el juego de mesa, Twitter, la apuesta o, más nocivo para uno por persistente y hasta eterno, el trauma y la mufa.


Tamara Tenenbaum, escritora y periodista

- ¿Alguna vez fantaseaste con algún tipo de venganza?

-Sí, muchas veces.

- Si tuviera la posibilidad de viajar en el tiempo, ¿de qué personaje histórico te gustaría vengarte?

-Del tipo que manejaba el camión que embistió el micro donde iba Gilda.

- Dentro de la literatura o el cine, ¿cuál es tu personaje vengativo favorito?

-Jo March.

- Balzac decía que “en la venganza el más débil es siempre más feroz” ¿Qué opinás de esa frase?

-Por supuesto. La venganza de los elegantes es hacer un favor.

- ¿Existen otros caminos de salida del rencor o el resentimiento?

-La generosidad, claro. La peor de las venganzas.

Jazmín Riera, escritora

- ¿Alguna vez fantaseaste con algún tipo de venganza?

-Creo que tal vez cuando era más chica. Solía hacer comedia musical, era muy tímida, por ende siempre terminaba en la fila de atrás. Y recuerdo haber pensado “cuando sea más grande ya verá este profesor…”. Más que una venganza, tal vez era un intento mental de programar una futura revancha. Por suerte dejé comedia musical, no era lo mío.

- Si tuvieras la posibilidad de viajar en el tiempo, ¿de qué personaje histórico te gustaría vengarte?

-Poniéndome en el rol de vengadora me resulta difícil elegir a alguien. Es raro poder experimentar este tipo de resentimiento con alguien que me precedió en el tiempo, porque al no ser contemporáneo mío no tuve punto de contacto que lo relacione con mi vida actual, pero si tuviera que elegir a un personaje de la historia, creo que es muy probable que vaya por Hitler.

- Dentro de la literatura o el cine, ¿cuál es tu personaje vengativo favorito?

-Cuando era pequeña, una de mis películas favoritas principalmente cuando se acercaba la navidad, era “El grinch”, así que creo que tengo que elegirlo a él por el humor y la acidez que maneja en su venganza. 

- Balzac decía que “en la venganza el más débil es siempre más feroz” ¿Qué opinás de esa frase?

-No sé si me gustaría usar la palabra débil, pero puedo entender a lo que se refiere. Siento en algún punto, que en el ser humano la acumulación de rencor y resentimiento puede ir potenciando esa sed de venganza. Porque al ser personalidades frágiles que no puede extrovertir sus sentimientos negativos, van generando agresión interna posiblemente incontrolable. Termina convirtiéndose casi en un arma de una venganza que terminará explotando por los aires.

- ¿Existen otros caminos de salida del rencor o el resentimiento?

-Creo que a través del perdón con el otro y con uno mismo. Abrazar ese sentimiento, curarlo con paciencia y comprensión. A veces se hace difícil porque pienso que la persona no llega a ser totalmente consciente de su interna y eso es complicado. Es muy importante poder extrovertir ese sentir y poder cambiar la energía para que pueda transmutar esa posible agresión.

Gentileza de Revista Quid.